Parte I: Miedo a la soledad

Parte I: Miedo a la soledad

En la actualidad, muchos hombres y mujeres entre los 40 y 60 años, casados, en pareja, solteros o divorciados, sienten miedo a la soledad.

La soledad es un sentimiento melancólico de tristeza o vivencia negativa, que se  presenta por la carencia de compañía en todas las personas y que puede llegar a afectar en distintos momentos de la vida e incluso llegar a la cronicidad.

El miedo a estar solos es un sentimiento que ha estado presente en el ser humano desde sus orígenes. Se origina por las discrepancias y las comparaciones que se producen entre el contacto real social y emocional que ha vivido o está viviendo, con el contacto ideal y deseado. Estas discrepancias, producen un conflicto interpersonal entre lo real y lo ideal, evocando distintos pensamientos y emociones que si no son afrontados o aceptados, pueden producir un alto malestar emocional.

La soledad se diferencia en:

  • Soledad emocional: es el sentimiento que se presenta cuando se produce una pérdida de un vínculo emocional íntimo o cercano con una persona.
  • Soledad social: esta se refiere a la falta de redes o de relaciones sociales, además de no tener o pertenecer a algún grupo con el que pueda compartir aficiones, actividades, conversaciones…

Para cada persona el concepto de soledad es distinto, ya que cada uno lo define y lo percibe de forma subjetiva, puede interpretarse de dos formas: “sentirse solo” o “estar solo“. Éstas son dos formas distintas de interpretar la soledad y que pueden atribuirse como algo negativo o en cambio como un sentimiento positivo, necesario, agradable y de disfrute para uno mismo. Esto dependerá de la historia personal y de la percepción de cada sujeto.

Aprender a estar solos y tolerar esa sensación es fundamental, pero algunas personas presentan una mayor vulnerabilidad y predisposición para padecerla y no vivirlo así, fomentando el mantenimiento de relaciones tóxicas y de dependencia.

Estas son algunas características o factores de vulnerabilidad:

  • Personalidad: los sujetos que se han visto relacionados con una mayor tendencia a la soledad, son aquellas personas con rasgos tímidos, reservados, introvertidos y con un estilo de personalidad ansiosa e insegura respecto al entorno que les rodea y sobre sí mismos.
  • Autoestima: se define como la imagen y la percepción que se crea y que se tiene de uno mismo en los distintos aspectos de la vida, ya sea desde la valoración de cómo es y cómo se comporta, hasta a la parte física y estética de uno. Estas personas suelen presentar una pobre opinión y valor sobre ellos, es decir, un pobre autoconcepto, sintiéndose poco queridos o deseados, sin valor e incluso mostrando sentimientos de inutilidad o de incompetencia.
  • Biografía personal: las experiencias o situaciones vividas a lo largo de la historia personal, hacen definir la forma de comportarse con los demás, creando estilos o patrones de comportamiento. Estas situaciones o experiencias comienzan desde la infancia, ya sea por el tipo de apego de los padres, relaciones de hermanos, enfermedades, relaciones sociales, relaciones de pareja, etc.
  • Habilidades sociales: este tipo de personas con un perfil introvertido e inseguro, suelen tener dificultades a la hora de relacionarse con otros, presentando comportamientos poco adaptativos e incorrectos en ciertas situaciones, además de no mostrarse tal y como son. Esto puede causar en algunas situaciones rechazo en el entorno, aumentando e incentivando su miedo, su inseguridad y desconfianza en uno mismo, en definitiva, afectando a su autoestima y en las formas de relacionarse con los demás.

Información obtenida:

-Willi, J. (2004). Psicología del amor: el crecimiento personal en la relación de pareja. Herder.

-http://www.psicologia-online.com/pir

Rocío Delgado

Psicóloga

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