Cambiar al otro vs. aceptar al otro

Es frecuente encontrar en terapia hombres y mujeres cuyo objetivo es el cambio y transformación por completo de su pareja o de su forma de ser y comportarse, pero ¿es esto adecuado o sano?

Cuando aparece esta cuestión, es necesario tener en cuenta y explicar a las personas que acuden a la sesión que si fuera posible modificar todo aquello que se quisiera quizá correríamos el riesgo de encontrarnos con otra persona diferente a aquella que nos enamoró, es decir, dirigir los esfuerzos a “crear” una persona ajustada a la propia necesidad quizá no sea lo más favorable ni para uno mismo ni para la propia pareja, la cual entre otras cosas no podría comportarse tal y como es con lo que por consiguiente estaría probablemente incómodo/a en la relación.

A los individuos que acuden a una terapia con este objetivo es necesario alclararles que algunos aspectos son susceptibles de cambio, siempre que la otra persona quiera, pero que por el contrario otros no es posible que sean modificados, ni sano tampoco.

Ante tal situación, es necesario poder aprender a aceptar aquello que no sea 100% del propio agrado, quizá dirigiendo la atención más a esos aspectos que sí son positivos para uno mismo y que compensan los otros. Para ello, también es necesario aceptar que la propia pareja nunca va a ser perfecta o completamente como uno mismo quisiera ya que, dentro de la identidad de pareja, cada miembro también tiene la suya propia así como su esencia y esto es dificilmente modificable, se trata de dos personas diferentes cada una de ellas con sus características y rasgos definitorios, que conforman otro sistema conjuntamente.

Así pues, quizá sea más sano poder aceptar aquello que no sea susceptible de cambio que intentar dirigir los propios esfuerzos a luchar contra ello, lo cual irremediablemente conducirá al malestar, probablemente propio y de la pareja.

Aida Mañero Ocarranza

Psicóloga

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Causas indirectas que pueden dañar la pareja

Existen factores propios de la pareja que pueden ir dañándola  de forma progresiva, haciendo que ésta se deteriore y, conduciendo en algunos casos, si los miembros de la misma no son capaces de solucionarlos, a la necesidad de una intervención profesional que ayude a reconstituir dicha relación.

No obstante, también existen ocasiones en que factores de un carácter más externo a la pareja también inciden en ella como sistema, produciendo una afectación de la relación. En dichas ocasiones, al tratarse de causas que podrían denominarse como indirectas, quizá pueda resultar más complicado detectar dicha afectación por hallarse los miembros centrados y focalizados hacia esa problemática, la cual impide ver lo que está ocurriendo a otros niveles, sin embargo, no es extraño observar en la práctica clínica diaria parejas que acuden a consulta con motivos relacionados con esta índole.

En estos casos, además de tratar la problemática que se podría venir a llamar central, también sería necesario abordar los problemas de pareja derivados, seguramente adoptando un enfoque estructural que permita lograr la reorganización de todos los niveles afectados.

Algunas de esas causas indirectas que pueden conducir a una afectación de la relación de pareja, son entre otras las dos que se citan a continuación:

  • La problemática relacionada con los propios hijos de la pareja. Existen casos en que las desavenencias que puedan tener lugar con los hijos de la pareja pueden llegar a dañar a la misma si ésta no está constituida sobre una base sólida y consistente. Pueden aparecer aquí discrepancias en cuanto al estilo educativo por ejemplo, factores que pueden ir alejando a los miembros de la pareja y haciendo que entre los mismos se cree una distancia o una barrera en ocasiones difícil de deshacer.

  • La problemática relacionada con la familia de origen de uno o de los dos miembros de la pareja. En estos casos, la pareja se ve afectada porque uno o ambos miembros de la pareja tiene problemas (no aceptación, rechazo, conflictividad…) con la familia de origen del otro, hecho por el cual tiene lugar un distanciamiento (y en ocasiones un progresivo acercamiento a la propia familia de origen) el cual dificulta la continuidad de la relación.

 Como se ha comentado más arriba, ante tales circunstancias, si la pareja es consciente de su afectación y malestar, es necesario la petición de ayuda profesional que permita el cambio y desbloquee el tipo de funcionamiento no adaptativo que probablemente esté operando. Igualmente, deberán ser abordados los posibles problemas derivados, llevando a cabo una intervención en diferentes niveles la cual permita volver al funcionamiento sano para ambos miembros, haciendo que éstos se encuentren bien consigo mismos y como pareja.

Aida Mañero Ocarranza

Psicóloga

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1 más 1 no son 2

Vivimos en una sociedad cada vez más individualista donde cada uno mira por sí mismo, donde las relaciones se establecen por propio interés o conveniencia: “me viene bien, me interesa” de este modo el otro se convierte en un medio para conseguir un fin.

En los trabajos, a la hora de ascender o destacar, no importa nada ni nadie, solo la persona como individuo en busca de su beneficio. Y la frase “trabajo de equipo” se convierte en ciencia ficción.

Pero cuándo vamos a entender que mi beneficio es el tuyo y que el tuyo es el mio. Somos un todo, y todas las partes son importantes para funcionar como unidad, si el corazón falla, fallan los pulmones y si fallan los pulmones, falla el corazón.

Cada vez nos encontramos más en terapia de pareja, dos personas que funcionan de este modo sin darse cuenta de este hecho. Cada uno mira su beneficio, “si tú no pones la lavadora, yo hoy no recojo la cocina”, “Si tú no me dices que me quieres, pues yo tampoco”, “Si tú quieres quedar con tus amigos pues yo quedo con los mios” y “Si tú miras por tu familia, pues yo miro por la mia”.

Y de este modo es imposible funcionar, tú no me mandas oxígeno y yo no bombeo sangre, por lo que vamos muriendo poco a poco.

Si un equipo de trabajo multiplica su rendimiento al trabajar en equipo, una pareja que funciona como una unidad es igual a la expresión más alta de felicidad.

Al crear una pareja construimos una nueva unidad que necesita de ambos para poderfuncionar, así que empieza a mandar sangre para poder recibir oxígeno.

Elisa Vaca López. Psicóloga

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10 trucos para ser feliz en pareja

Si has decidido ser feliz con tu pareja has encontrado el artículo perfecto, pon en marcha estos trucos y disfruta:

-SALTA, salta de emoción cuando le veas, alégrate de verle y corre a sus brazos a darle un beso.

image-WASA, no lo dudes, escribe un mensaje de amor a cualquier hora del día y mándaselo, hazle sonreír cuando lo vea.

-PASA, pasa de los malos entendimientos con su familia, recuerda que él tiene que ser feliz para poder hacerte feliz.

-MASA, y amasa, prepara un bizcocho casero, una tarta o pastel, pon la fecha que os conocisteis.

-VIAJA, cuánto hace que no vais juntos y solos de viaje, ha llegado el momento, prepara un fin de semana juntos.

-BESA, cuando menos se lo espere, suéltale un beso, por qué, porque sí.

-ESPERA, ve a buscarle y espérale en la puerta del trabajo, y juntos a casa.

-ESCUCHA, decide escucharle de 21:00 a 21:30h todos toditos los días, porque él se lo merece.

-JUEGA, compra un juego de mesa de adultos y juega, “tienes que dar un beso en…”

-TATTOO, tatúate por San Valentín o porque sí la primera letra de su nombre.

y sobre todo, disfruta y da las gracias cada día por seguir juntos.

Elisa Vaca López. Psicóloga.

 

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Cómo sobrellevar la familia política en la pareja

DSC_0155Cómo sobrellevar la familia política en la pareja. En terapia de pareja consideramos las familias políticas uno de los motivos más importantes de discusión.

Generalmente la madre o hermana de la pareja, suelen ser un motivo de choque importante en los encuentros que se producen entre la pareja y la familia política, estos problemas toman aún una mayor dimensión en el caso de tener hijos, donde ellas se creen con unos derechos que no les corresponden. Opinan y mandan sobre cómo han de vestirse, lo que han de comer o si deben de dormir más.

Siempre es lo mismo, un problema de límites, opinan, se meten donde no deben meterse, incluso se atreven a cambiar objetos en la decoración de la casa de su hijo, cambian el jarrón a otro sitio porque creen que simplemente queda mejor o critican cómo se ha puesto un cuadro. Esta claro que parte de ellas ven la casa de su hermano como si fuese de ellas y que sus decisiones tienen tanta importancia o más que la de las personas que viven allí y la compraron. Además el problema crece si no se las permite hacer aquello que ellas quieren pues se creen que ayudan y con el derecho a hacerlo u opinar.

Y a todo esto se le suma que él no es capaz de verlo, que no nos defiende y que a todo le quita importancia, cuando realmente sí tiene importancia y mucho. Probablemente nuestra pareja aún no haya roto con su madre el cordón umbilical, una triste situación, que se vuelve desesperante en el tiempo. Él simplemente no nos entiende y prefiere discutir con su pareja antes que con su madre.

Si este es tu caso, podemos ayudarte, al fin y al cabo él debe mirar por ti y sólo por tí, es ley de vida.

Elisa Vaca López

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Necesito que cambie…

DSC02038Es frecuente encontrar en terapia hombres y mujeres cuyo objetivo es el cambio y transformación por completo de su pareja o de su forma de ser y comportarse, pero ¿es esto adecuado o sano?

 Cuando aparece esta cuestión, es necesario tener en cuenta y explicar a las personas que acuden a la sesión que si fuera posible modificar todo aquello que se quisiera quizá correríamos el riesgo de encontrarnos con otra persona diferente a aquella que nos enamoró, es decir, dirigir los esfuerzos a “crear” una persona ajustada a la propia necesidad quizá no sea lo más favorable ni para uno mismo ni para la propia pareja, la cual entre otras cosas no podría comportarse tal y como es con lo que por consiguiente estaría probablemente incómodo/a en la relación.

 A los individuos que acuden a una terapia con este objetivo es necesario alclararles que algunos aspectos son susceptibles de cambio, siempre que la otra persona quiera, pero que por el contrario otros no es posible que sean modificados, ni sano tampoco.

 Ante tal situación, es necesario poder aprender a aceptar aquello que no sea 100% del propio agrado, quizá dirigiendo la atención más a esos aspectos que sí son positivos para uno mismo y que compensan los otros. Para ello, también es necesario aceptar que la propia pareja nunca va a ser perfecta o completamente como uno mismo quisiera ya que, dentro de la identidad de pareja, cada miembro también tiene la suya propia así como su esencia y esto es dificilmente modificable, se trata de dos personas diferentes cada una de ellas con sus características y rasgos definitorios, que conforman otro sistema conjuntamente.

 Así pues, quizá sea más sano poder aceptar aquello que no sea susceptible de cambio que intentar dirigir los propios esfuerzos a luchar contra ello, lo cual irremediablemente conducirá al malestar, probablemente propio y de la pareja.

Aida Mañero Ocarraza

Psicóloga

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Navidad en pareja

imageLa navidad es o debería de ser una época muy bonita al año, llena de ilusión, de descanso, de familia, de hacer una pausa y de tomar fuerzas para los fríos días que vendrán en Enero, Febrero y Marzp.

Pero muchas veces, por desgracia, se conviereten en fechas donde se cambian las palabras “ilusión” por “discusión”, “unión” por “enfrentamiento”, “amor” por “tristeza”… Las familias políticas y no políticas se meten en la pareja, surgen problemas para ver con quién se va a cenar, discusiones porque nunca se quiere ir a una casa, por la comida…

Todo esto repercute en la pareja, y estas fechas se acaban convirtiendo en una pesadilla para ambos. Este tipo de problemas va en aumento debido a la gran cantidad de divorcios y separaciones que existen, y que vivimos en una sociedad en la que cada uno va cada vez más a lo suyo, primando lo individual frente al grupo.

Para nosotros el grupo nuclear que ha de estar por encima de todo lo demás es la pareja, con o sin hijos. Por lo que, en Navidades se ha de mirar por los demás pero nunca por encima de ellos.

Nuestros consejos:

-Mirad un viaje y haced un alto en mitad del invierno, no hace falta que sea de muchos días, para hacer que vuestro amor crezca.

-No anteponer a la familia a vosotros, la pareja.

-Prohibido discutir por los demás.

-Más vale perder que ganar. Es preferible hacer unas navidades diferentes antes que discutir.

-Y por último, no os olvidés de tener una velada especial para celebrarlo vosotros y de haceros un regalo sorpresa, que siempre hace ilusión y es una buena manera de recuperar o mantener la chispa.

Elisa Vaca López. Psicóloga

 

 

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“Si mi pareja no sabe lo que necesito en todo momento, es que realmente no me quiere”

Es frecuente encontrar en la práctica clínica diaria, parejas a las cuales esta afirmación parece complicarles en gran medida, tanto en la relación en sí como en su día a día.

 Si se intenta desgranar un poco esta idea, se puede descubrir que en su origen se haya la creencia errónea de que el otro miembro de la pareja puede estar en todo momento “inmerso” en la mente del otro porque “le conoce de sobra”, algo que si se intenta analizar detenidamente, a todas luces se considera imposible puesto que ambos son personas diferentes, con ideas y razonamientos distintos aunque compartan otros muchas.

 Esta afirmación es especialmente frecuente en aquellas parejas que ya llevan varios años juntos de relación; se tiende a creer que al ser las dos mitades de una misma naranja, los pensamientos, ideas, razonamientos y sentimientos son los mismos y se llega a una relación de simbiosis total. Sin embargo, en este punto es necesario desmentir la idea habitualmente transmitida de la “media naranja”; puesto que los miembros de una pareja son piezas diferentes provenientes de otras distintas que conforman una entidad nueva, no partes de una misma cosa (naranja).

 Con esto, el partir de esta idea equivocada, tiene consecuencias igualmente erróneas y al mismo tiempo generadoras de malestar en la pareja, ya que “si mi pareja no sabe lo que necesito o siento en todo momento”, esto conduce al enfado “porque no me entiende o no me tiene en cuenta todo lo que debería”. De este modo se cae en una conclusión que además de falsa, conlleva en múltiples ocasiones a la propia inmovilidad a la espera de que el otro se dé cuenta y responda como se necesitaría.

 De este modo, cayendo en dicha inmovilidad, los errores en los que se tropieza son, entre otros los siguientes:

  •  No pedir aquello que se necesita, esperando a que el otro lo “adivine”.
  •  Temor a pedir porque “si no ya no seríamos una pareja perfecta y compenetrada”.
  •  Esperar de forma pasiva a algo que quizá no llegue.
  •  Construir una idea equivocada de la propia pareja la cual en lugar de acercar, aleja más a sus miembros.

 Así pues, en vista de lo expuesto, parece más sano poder concluir que “la propia pareja es una persona diferente a mi con la que comparto numerosas ideas, pero que también tiene las suyas propias las cuales pueden no coincidir con las mías”. Igualmente, llega a ser más funcional y menos generador de malestar el aceptar que es inteligente y útil pedir en ocasiones lo que se necesita al otro, sin esperar que éste lo vaya a cumplir sin que se le solicite.

Aida Mañero Ocarranza

Psicóloga

 

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Las 3 cajas de la pareja

A menudo, cuando se piensa en una pareja viene a la cabeza la relación existente, los gustos comunes, el ocio compartido… en definitiva, todo aquello que se comparte. Pero ¿qué hay de la parte propia de cada uno de los miembros de esa pareja?

En este sentido, cuando se trabaja en terapia de pareja frecuentemente resulta útil a los profesionales el empleo de la metáfora de las “tres cajas” para ejemplificar este hecho.

Imagínese el lector tres cajas; una de ellas está compuesta por todas aquellas cosas relativas a la pareja, las otras dos por todo eso que compone la parte individual de cada uno de los miembros de esa diada:

Miembro 1                                                Pareja                                               Miembro 2

 ¿Qué ocurre si únicamente se encuentra llena la “caja pareja”?

 En este caso ambos miembros de la pareja se centran únicamente en la misma sin tenerse en cuenta como personas individuales. De este modo, por un lado dichos miembros a menudo se encuentran incompletos y es posible que vacíos ya que únicamente cubren una parte de sus necesidades y de las áreas de su vida. Por otro, es común que la propia relación de pareja llegue a agobiar y saturar, de forma que finalmente lleguen los problemas por ese exceso de miramiento. Además, en estos casos la relación de pareja puede verse ahogada ya que no existe leña que proporcionar para que continúe viva la llama, puesto que lo individual (esa leña) está vacío. Así el hipercuidado de la pareja en estos casos, conlleva inevitablemente al hipocuidado propio de un miembro individualmente abandonando sus propias necesidades e incluso su propia persona.

Un ejemplo de este caso lo constituyen las personas dependientes emocionalmente, las cuales para “ser” necesitan de otro al lado por lo que cultivan en demasía la relación para no ser abandonados y conjuntamente se descuidan a sí mismos.

 ¿Qué ocurre si únicamente se encuentran llenas las cajas de cada miembro individual?

 En esta ocasión la situación es la contraria, a saber, cada miembro de la pareja solamente llena su caja propia alimentando sus necesidades individuales, sin embargo, no arroja lo suficiente en la caja de pareja. Dada esta situación, la pareja se ve vacía y abandonada ya que sus miembros parecen no mirar hacia ella, sino que más bien se centran en su individualidad. Ante esto, es evidente que la pareja no pueda rodar en condiciones puesto que cada individuo que forma parte de ella no la alimenta, por tanto, en caso de no poner solución, es previsible que cada vez se sientan más lejos el uno del otro. Por tanto, el propio hipercuidado conduce casi sin remedio al hipocuidado de la pareja.

Un ejemplo de esta situación lo constituyen personas con tintes narcisistas a las cuales les es complicado atender sus necesidades al tiempo que prestan atención y cuidados a los otros; dado que prima más lo propio, a menudo se centran tanto en esto que descuidan o abandonan lo compartido o del otro.

Así pues, vistas ambas posibilidades, se evidencia la necesidad existente de que las tres cajas permanezcan llenas, o al menos con contenido, ya que tanto en uno como en otro caso la pareja se verá afectada irremediablemente. No es posible cultivar una pareja si uno mismo no se cuida y, al contrario, no es posible centrarse sólo en uno mismo y que la pareja no se resienta.

Aida Mañero Ocarranza

Psicóloga

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La importania de decir te quiero

 ¿Basta con estar al lado de la otra persona y dejarse llevar?, ¿es posible que una relación de pareja marche sin tener gestos de cariño a pesar de llevar mucho tiempo?

Es algo evidente que a medida que va pasando el tiempo, la relación de pareja va modificándose y van variándose los sentimientos hacia el otro. Así en un primer momento se atraviesa una fase de amor pasional y romántico, para posteriormente ir adentrándose en un tipo de relación más cómplice en el que quizá la pasión disminuya, pero los momentos de compartir y complicidad con el otro se incrementen. Este segundo tipo de amor también es placentero y produce bienestar en los miembros de la pareja, si bien de una forma diferente que el anterior.

 Sin embargo, es frecuente encontrar parejas en las que, pasado un tiempo de relación en el cual alcanzan ese amor cómplice y compañero, se instale la rutina del día a día y el “dejarse llevar” sin tener en cuenta que es necesario continuar cultivando dicha relación. Parece que ya está todo afianzado y conseguido, que no es necesario seguir con esa labor de hacer que el otro se sienta bien consigo mismo y con el otro. Es en estos casos en los que cada miembro puede sentir que el otro ya no se siente atraído, que ya no es querido… que algo pasa en definitiva.

 Para no caer en este fallo es importante que, como se comenta, no se piense que ya está todo hecho y logrado, o se deje de cultivar la relación cada día con gestos que pueden parecer insignificantes pero que ayudan enormemente a continuar de forma sana y placentera para ambas personas.

 A continuación, se enumeran algunos de esos gestos que pueden favorecer la mejora de la relación de pareja:

 Darse un beso al despedirse y al encontrarse.

  • Dar un abrazo al otro cuando no se lo espere.
  • Cogerse de la mano al pasear.
  • Sonreir al otro.
  • Decirse “te quiero” si no todos los días, por lo menos de forma muy frecuente.
  • Alagar al otro con un piropo.
  • Tener detalles o sorpresas para con el otro de vez en cuando.
  • Continuar fomentando la sexualidad.

Con todo esto, conseguimos que la pareja no caiga en el olvido a pesar del paso del tiempo o de las experiencias vividas y se favorece la continuidad de la misma de un modo saludable y generador de bienestar.

 

Aida Mañero Ocarranza

Psicóloga

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