Eres mi media naranja

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A lo largo de nuestra vida, se nos ha transmitido una serie de ideas en torno al amor, al romanticismo, a la pareja y a las relaciones, que no favorecen el establecimiento ni el mantenimiento de una relación sana. Uno de esos mitos basado en el amor romántico es el “mito de la media naranja”. Pensamos que en algún sitio tiene que estar nuestra alma gemela, que vamos a encontrar a una pareja ideal, una pareja única y especial y que no va a ver otra igual.

Es importante saber diferenciar lo que es el amor real del amor romántico que las letras de las canciones, los cuentos y las películas nos han transmitido como amor auténtico. ¿Quién dice que hay que elegir a una pareja sólo porque en algún momento se nos ha predestinado a que eso va a ser así? Si creemos en este mito, creemos en la “perfección”, creemos en una relación sin conflictos, sin diferencias, sin discusiones, y los desengaños y los malestares no van a estar presentes, puesto a que a mi lado tengo a una persona con la que “siempre” irán las cosas muy bien. No hay que olvidarse de tres aspectos, primero, nadie es perfecto, segundo, la perfección no existe y tercero, la pareja lo forman dos personas con ideas, creencias y sentimientos diferentes a los que uno pueda tener.

Los mitos, como creencias que son, tienen mucha carga emocional. Se tiene la creencia de que si encontramos a nuestra media naranja, vamos a ser capaces de encontrar la felicidad al lado de nuestra pareja, y lograremos el bienestar y la tranquilidad que son necesarios para construir una saludable relación y sentirnos completos. Parece entonces que, sólo en el caso de encontrar ese verdadero amor, seremos personas completas y felices y que en caso contrario, seremos seres incompletos e infelices. Pero esta idea es errónea. La felicidad no hay que buscarla fuera de nosotros, la felicidad es un estado interno que se encuentra dentro de nosotros, se encuentra en nuestro cerebro; los sentimientos y las emociones se localizan ahí, y es nuestro sistema nervioso el que va a generar dicha felicidad.

Una pareja lo forman dos personas que quieren compartir su vida juntos, pero no porque sean mitades de nada y tengan que completar esa media naranja para convertirse en una naranja completa y entera. Y, en esa vida conjunta, habrá momentos buenos y momentos que no lo sean tanto.

Miriam Benavides

Psicóloga

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