El olvido y distanciamiento en la pareja. Aida Mañero Ocarranza

No es extraño encontrar en la práctica terapéutica parejas que acuden a tratamiento debido a su distanciamiento con el paso de los años; parece como si con el transcurrir del tiempo los miembros de la misma se hubieran convertido casi en dos extraños, olvidándose el uno del otro y de la pareja como sistema en su totalidad. Llegado este punto, apenas se reconocen el uno al otro, ya no existe la complementariedad, complementación y entendimiento de antes, pareciendo que la pareja es alguien completamente diferente a quién se conoció hace cierto tiempo.

 Esta cuestión puede surgir por varios motivos, por ejemplo el estancamiento en la rutina o la elevada carga de trabajo de cada uno de los miembros, entre otros.

Igualmente es bastante frecuente que dicho distanciamiento comience a aparecer con la llegada del primer hijo, momento en el cual ambos progenitores se centran en la crianza de éste relegando a un segundo plano la continuidad y consolidación de la pareja. Este hecho, que en un primer momento pueda resultar adaptativo para afrontar la nueva situación y necesario debido a la importancia de la construcción de los vínculos paterno-filiales, si continua en el tiempo haciéndose exclusivo, puede llegar a dañar a la pareja de tal modo que ésta poco a poco se desintegre llegando en ocasiones a desaparecer si no se reacciona a tiempo.

 Se produce en estos casos un cambio de etapa en el ciclo vital, pasando de una fase meramente matrimonial y exclusiva de pareja a una de matrimonio con hijos, donde es necesario llevar a cabo las tareas propias de cada una pero sin olvidar todas las relativas a la etapa anterior; es decir, se trata de una acumulación y consolidación de tareas a medida que se avanza por las diferentes fases más que de una exclusión de las mismas una vez superado el ciclo anterior. Entre las tareas propias de una fase de matrimonio sin hijos es posible encontrar: acordar los aspectos prácticos de la vida en común, acordar las diferencias sutiles y gruesas que existen entre ellos como individuos, diseñar el modo de resolver los desacuerdos o establecer un territorio propio con cierta independencia de la influencia parental. Con la llegada de un hijo, a todas estas tareas citadas es necesario añadir otras relativas a el acuerdo acerca de la crianza y roles de cada uno con respecto a los hijos (cómo educarlos, cuidarlos o proporcionarles afecto) y el establecimiento de nuevos límites a las familias de origen, entre otras.

 De este modo, cuando se reciben en consulta parejas con este tipo de problemática, será necesario:

 –        Explorar en qué punto comenzó a producirse el alejamiento.

 –        Explorar por qué motivos.

 –        Explorar cómo actuaban como pareja antes de dicho distanciamiento.

 Con todos estos datos, será posible comenzar el trabajo destinado al acercamiento y recuperación de la pareja con el objetivo de que vuelva a convertirse en una diada consolidada y con un espacio propio y exclusivo a pesar de la existencia de hijos.

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