¿Puede suponer un problema la presencia de las familias de origen? Aida Mañero Ocarranza

Los individuos a lo largo de sus vidas van atravesando diferentes fases, entre las que es posible encontrar: el periodo del galanteo, el matrimonio, el nacimiento de los hijos, un periodo intermedio, la salida de los hijos del núcleo familiar y el retiro de la vida activa y la vejez.

Así pues, cuando un sujeto sale de casa, encuentra una pareja, tiene hijos y forma una nueva familia, sus padres, hermanos y demás parientes pasan a convertirse en la denominada familia de origen; a la nueva familia creada por ese individuo se la denomina familia nuclear. A partir de ese momento, la nueva familia creada comenzará su andadura llevando a cabo nuevos rituales propios de ese nuevo sistema, pero a la vez cada miembro de la pareja aportará a esa construcción los valores e ideas que haya decidido adoptar de su familia de origen. Por tanto, todas las familias en mayor o menor medida heredan de las de origen ciertos aspectos que deciden portar y hacer suyos; por consiguiente es posible afirmar que todas las familias tienen algo de sus familias de origen.

Sin embargo, existen familias nucleares, y más concretamente parejas, en las que la familia de origen de uno de los miembros parece estar “demasiado” presente, hasta el punto de generar un malestar en el otro miembro. Este fenómeno ya puede ser evidenciable desde el momento del noviazgo de la pareja.

Autores como Murray Bowen, miembro de la denominada Escuela Intergeneracional, considera que en estos casos lo que ocurre es que no hay una diferenciación sana del miembro de la pareja con su familia de origen, es decir, no existe una distancia emocional suficiente entre el miembro de la pareja con su familia de origen respectiva, lo cual dificulta el establecimiento de su propia familia nuclear. Así pues, existe una relación inversamente proporcional entre grado de diferenciación y dificultad para fundar una familia, a menor grado de diferenciación de la familia de origen mayor dificultad para construir una familia propia.

Como se mencionaba, la presencia frecuente de la familia de origen de un miembro de la pareja debido al alto nivel de fusión, puede generar en el otro miembro un malestar significativo, y es que, siguiendo con Bowen, esta falta o ausencia de diferenciación puede dar lugar a tres situaciones posibles, a saber, el conflicto conyugal, la aparición de una enfermedad en uno de los cónyuges o la proyección de los problemas en los propios hijos.

En estas ocasiones en las que aparece este tipo de problemática es necesario realizar un trabajo terapéutico orientado a restablecer y reorganizar el sistema conyugal en su totalidad, modificando determinadas ideas y creencias, permitiendo un mayor distanciamiento del miembro fusionado, con el cual en caso de considerarse conveniente, también sería acertado seguir un proceso terapéutico individual.

Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *